Calostro

El calostro es la primera leche que producen los mamíferos, tiene mucha materia grasa y se vuelve sólida con el calor.

En varias ocasiones me han regalado calostro caprino algún vecino del pueblo. Para mí es capricho de dioses para los no lecheros es un producto incomestible.

Se pone al fuego en una olla, se le echa una rama de canela, la piel de un limón y un poco de azúcar. Hay que remover sin parar. Va cogiendo consistencia, dependiendo del tiempo que esté al fuego y de la frescura de la leche.

Se puede comer frío o calentito, añadirle más azúcar o miel, según gusto de cada cual.

La próxima vez que me den calostro, los voy a cuajar y emplear como requesón en una receta de tarta de queso y miel. Ya os contaré…

Patatas Gratinadas con Nata y Queso Emmental

Los supermercados Lidl nos acercan sabores de otros lugares del mundo, en esta ocasión le ha tocado a Francia. Mi cuñada compró una lata de Gratin Dauphinois de la marca Duc De Coeur. Sólo hay que colocar el contenido de la lata en una fuente para horno. Con éste precalentado y después de 20 minutos se le echa queso rallado y se mantiene en el horno 5 minutos más. Cuando se haya dorado el queso se le pueden añadir especias.

Están buenas estas patatas y además te pueden sacar de un apurillo.

Plastilina Comestible

En el catálogo de Imaginarium leí que vendían plastilina comestible bajo el nombre comercial de Yummy Dough. Cuando tuve ocasión de ir a la tienda la compré para ver en qué consistía el producto. Son cuatro bolsas de polvos coloreados que al mezclar con agua se convierten en plastilina rosa, verde, azul y amarilla. Su precio: 9,95 euros. Es difícil del moldear, para mis niños ha sido necesaria la ayuda de su padre. Una vez que están hechas las figuritas se hornean 15-20 minutos y resultan unas chucherías graciosas y originales.

El Kéfir

Me apetecía dedicarle una entrada a este hongo que seguro casi todos conocen.

Yo lo tengo desde hace más o menos un año. Unos aseguran que te cambia la vida, aunque no me atrevería yo a decir tanto. Pero como malo no es y está claro que tiene propiedades beneficiosas, me animé con él. Lo hay de agua y de leche, pero sólo voy a hablar de este último, ya que el de agua no lo conozco.

Es una mezcla simbiótica de bacterias y levaduras que tiene su origen en el Cáucaso. No se compra, sino que pasa de mano en mano porque el “animalillo” crece y tienes dos opciones: o echarle más leche, o deshacerte de él. Aunque últimamente se puede encontrar en herboristerías, creo que tanto el hongo como el yogur que produce (seguro que a un precio excesivo).

Lo que hace es fermentar la leche. Que nadie se asuste, porque las bacterias de los yogures “normales” hacen exactamente lo mismo; sólo que el kéfir es más líquido y más ácido.

El procedimiento consiste en meter el hongo con la leche en un recipiente hermético, dejarlo 24 – 48 horas, colarlo y lavarlo con cuidado; luego se vuelve a echar leche y comenzamos de nuevo. Debido a su acidez, yo lo tomo con azúcar y trozos de fruta. También se puede tomar con miel, con canela, con zumos, etc.

Algunas consideraciones que he sacado de internet a la hora de utilizar el kéfir:

  • Siempre debe estar sumergido en leche entera, no semi ni desnatada.
  • No debe contactar con utensilios metálicos: ni el colador ni el recipiente deben serlo.
  • Hay que dejar  el 1/3 superior del recipiente sin leche, porque albergará los gases de la fermentación.

En cuanto a las propiedades, he encontrado todas estas:

  • Mejora nuestra capacidad de asimilación de los alimentos.
  • Regula el tránsito intestinal.
  • Refuerza las defensas protegiéndonos contra las infecciones tanto víricas como bacterianas.
  • Reduce los niveles de colesterol y el riesgo de padecer cáncer de colon.
  • Incrementa el valor biológico de las proteínas de la leche.
  • Produce la síntesis de vitaminas del complejo B, siendo, además, una fuente importante de potasio, fósforo, calcio y vitaminas.
  • Restablece y equilibra la flora intestinal, es un alimento prebiótico y previene de un gran número de enfermedades.
  • Sintetiza ácido láctico, reduciendo la lactosa y favoreciendo la digestibilidad de la leche.
  • Un kéfir suave es un poco laxante, un kéfir fuerte es astringente.

Para terminar, os dejo un enlace de recetas con kéfir que he encontrado por la red, aunque habrá muchísimas más: